Lo que traes y te llevas ·Covid19·

Lo que traes y te llevas ·Covid19·

TRAES: Soledad en las calles. Aislamiento en las casas. Mascarillas y guantes. Videoconferencias. Solidaridad. Tiempo para malgastar. Convivencia familiar. Cambios de rutina. Incredulidad, desconfianza, incertidumbre. Silencio y espera….
TE LLEVAS: A muchos de los que amamos. Nuestro futuro planeado. La actividad laboral de la mayoría. Las prisas. Nuestra rutina aprendida. Tiempo que disfrutar. Toda una primavera. Trivialidades sociales. Confianza e ilusión…

Ojalá hagamos de esto una oportunidad para el ingenio, la solidaridad, la investigación, la paciencia… para aprender a aplicar el tiempo en lo importante, para reconstruir rutinas más amables, sin banalidades.

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Antes, tuve ocasión de experimentar cómo se suceden los acontecimientos, casi siempre, sin previo aviso, como diría: de sopetón. Y todos, da igual su naturaleza, buenos o malos, suceden sin más, de repente. Y porque sí, todo cambia. Pero, nunca había vivido esta experiencia en sociedad. Nunca había vivido una sensación de irrealidad que perdurase en los días desde el noticiario, desde los mensajes de mis familiares y amigos, entre las paredes de mi casa. Nunca había vivido el silencio de las calles, como lo vivo ahora.

Tengo la sensación ahora que todo se para, que las distancias también aparecen suspendidas en el tiempo. Se me antojan como aletargadas, resguardadas en algún lugar silencioso desde donde me mantengo expectante, pero confiando en el momento de llegar a cubrirlas de nuevo.

Parece que se haya hecho realidad aquel deseo: “¡que se pare el mundo!”
Y el mundo se ha parado, lamentablemente para muchos de manera literal. Desde mi corazón dolido, honro su memoria.

Compartiendo travesía con aquellos que han luchado o siguen luchando ante lo desconocido, con la extraña sensación de escepticismo frente a lo que nos acontece, y únicamente con la incertidumbre por futuro -próximo o lejano-, sólo me queda la certeza de que pocas cosas volverán a ser como antes.

Los que seguimos, nos encontramos viviendo como atrapados en un tiempo, sin tiempo …quizá lo describiría como un no-tiempo en base al concepto “no-lugar” de Marc Augé.
Un no-tiempo que vivimos en soledad, aunque acompañados, o no, de nuestra familia más cercana, se muestra como un tiempo en suspensión.
En suspensión de quehaceres, de responsabilidades laborales, de salidas para mostrar nuestra cara al mundo. Nos encontramos con ese tiempo tan anhelado en otros momentos de trajines cotidianos y, sin embargo, no lo recibimos con el agrado soñado, quizá porque nos resulta extraño, al menos por la manera en que nos ha llegado. Nos sorprende, con cierta incapacidad para aceptar su presencia.

Creo que es complicado asumir la imposibilidad de planear nuestro futuro cercano, más allá de las lindes de nuestro hogar. Estar condicionados por esa total incertidumbre que sólo se vive ante lo desconocido.
Pero en confinamiento, descubrimos nuestra propia compañía, descubrimos que cuando todo pasa, sólo queda aquel que llamamos Yo. Quizá los más afortunados tengan ocasión de descubrir también a un Tú y los más afortunados todavía, se harán conscientes del Nosotros.
Ojalá a partir de ahora, encontremos la manera de construir un mundo algo mejor por todos y para todos, como oí decir en una ocasión a Juan Ignacio Rouyet, siendo: más amables, más alegres, más artistas.

Continuemos viviendo creando nuestras propias historias.

 

                                                                                        

       

Serie “El banco que espera al tren” ver las obras

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Para Ana,
Con infinito agradecimiento por tu esfuerzo, lucha y tesón, por tu gran generosidad y sobre todo por tu amor.
Continúo aprendiendo la lección, ¡gracias hermana!; queridísima maestra.

¿Quién eres tú entre tanto silencio?
¿quién soy yo en la distancia,
en esa distancia de al menos metro y medio?

Nos separan los días, y el amor se transmite con guantes
y las palabras de aliento, resguardadas del aliento
tras máscaras de papel
que ocultan sonrisas, y quejas, y amordazan palabras.
La libertad: en los ojos,
que hablan, sienten, acompañan
y acallan el silencio cubriendo la distancia,
esa distancia de al menos, metro y medio.